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La otra Corea

Las 10 mejores películas surcoreanas de la década pasada

por Federico Poore

La Agenda, 08-09-2016

Desde la segunda mitad de los noventa, el cine de Corea del Sur comenzó a experimentar un notable crecimiento. El fin de la censura, el establecimiento de una cuota de pantalla (luego relajada) y la consolidación de grupos coreanos con integración vertical producción-distribución-exhibición fueron algunos de los motivos detrás de este fenómeno, que ayudó a consolidar al país como una de las cinematografías más poderosas del mundo.

En Argentina, nombres como Bong Joon-ho y Park Chan-wook se instalaron como referencia obligada de un cine en ebullición que combinaba estilos autorales con masividad, algo ausente en la producción local post-2001 salvo honrosas excepciones (Caetano, Burman, Bielinski, Trapero). Es al día de hoy que las funciones de cine coreano que se proyectan en el BAFICI siguen siendo de las primeras en agotarse. ¿Qué tendrá el (cine) coreano cuando nos provoca?

10. Breathless (Yang Ik-joon, 2008)

Song-Hoon es un matón que trabaja en una especie de Morosos Incobrables y su vida es un torbellino de violencia, rabia y puteadas. Todo cambiará luego de conocer a Yeon-heui, una joven perturbada que está cursando su último año en el colegio, y entre ambos nacerá una amistad difícil de romper.

Si lo que acabo de nombrar (¿violencia más amistad?) parece perverso, esperen a ver esta película escrita, dirigida y protagonizada por Yang Ik-joon. “Guardamos nuestras emociones y las mantenemos escondidas hasta que un día todo explota y eso es lo que causa problemas”, contó Yang en una entrevista en 2009. “Hubo sentimientos que no largué durante 30 años.”

Song-Hoon, el protagonista de este drama, es un poco así: un antihéroe que se cansó de todo y trata de restablecer el orden en el mundo pero que sabe que su deseo tiene un precio. Breathless no es una película perfecta, pero tal vez sea la más intensa de esta lista.

9. Take Care of My Cat (Jeong Jae-eun, 2001)

Cinco amigas tratan de mantener su amistad a flote luego de graduarse del colegio secundario. En la superficie, es apenas una película más de coming of age. Pero Jeong Jae-eun, en su largometraje debut, introduce algunos elementos novedosos que la elevan por encima del promedio. Primero, tensiones vinculadas a la geografía: mientras la arrogante Hye Joo consigue un trabajo bien pago en Seúl, las demás chicas se quedan en la ciudad portuaria de Incheon, sin más opción que pasear por la rambla en invierno o encerrarse en shoppings para pasar el rato. Segundo, la incorporación realista de la comunicación instantánea tal como la conocemos: el cruce frenético de SMS entre estas cinco veinteañeras (hoy serán mensajes de Whatsapp, mañana otras técnicas) aparece en el relato con el mismo nivel de ubicuidad y superficialidad que uno advierte en la vida cotidiana. Nada de esconder los celulares porque arruinan el suspenso: si existen, se los incorpora a la historia. Ah, y el pobre gatito del título, que va pasando de mano en mano mientras las chicas intentan lidiar con sus propias vidas.

8. A Tale of Two Sisters (Kim Jee-woon, 2003)

Es raro que el thriller psicológico produzca obras maestras. Las reglas del subgénero son tan obvias y están tan cerca de la superficie del relato que la repetición empalaga al poco tiempo. El cine norteamericano produce unas cincuenta películas de este tipo por año y los resultados están a la vista: casi ninguna escapa a una aburrida medianía. Para romper con esta rutina, los cineastas más originales meten algún otro ingrediente en la mezcla.

En 2003, el director Kim Jee-woon (I Saw the Devil, A Bittersweet Life) tomó como punto de partida un popular cuento folclórico coreano y, prescindiendo del gore más obvio y de sustos baratos generados con “trucos de feria”, le agregó elementos del melodrama (no falta la madrastra malvada) y toques de horror. Es así que los personajes no sólo tienen fobia o identidades borradas: también sienten culpa. A Tale of Two Sisters fue para el cine de terror coreano lo que Ringu al cine de terror japonés, y es merecidamente considerada la mejor película de K-Horror de la historia.

7. The Chaser (Na Hong-jin, 2008)

Los amantes de Seven (nuestra versión menos favorita de David Fincher) y El silencio de los inocentes están de parabienes con esta película basada en la historia real de un asesino de prostitutas. Como si la premisa no fuera ya lo suficientemente oscura, agreguemos que el héroe es un expolicía devenido proxeneta que comienza la búsqueda de una de sus “chicas” sólo porque la desaparecida en cuestión debe plata. Lo que sigue es un thriller hecho y derecho del debutante Hong-jin Na, cuya secuencia de acción más lograda es una persecución a pie por los callejones de Seúl. Lo único que lo separa de la perfección absoluta es su “epiloguismo”, es decir, un último acto que extiende demasiado la historia.

6. Mother (Bong Joon-ho, 2009)

Por momentos, las películas del mejor director coreano de la actualidad parecen variaciones sobre un mismo tema: una búsqueda imposible, la violencia (física y política), la brutalidad policial… En Mother, Bong Joon-ho reversiona una idea presente en The Host: el heroísmo de una familia ante una situación extrema.

Una madre soltera entrada en años pasa sus días cuidando de Do-Joon, su hijo de 27, que al parecer sufre de retraso mental. Un día, una chica aparece muerta en un edificio abandonado y a Do-Joon es inmediatamente declarado culpable. La madre, se sabe, hará todo por sacarlo de la cárcel. Es así que comienza la parte más cruel, tenebrosa y despiadada de la película, que se destaca por su fotografía y su memorable escena final.

5. Woman on the Beach (Hong Sang-soo, 2006)

Woman on the Beach fue uno de los accidentes felices de mi experiencia en el BAFICI 2007. Era un sábado a la noche y las entradas para la película que quería ver en el Atlas Santa Fe —que en paz descanse— estaban agotadas, por lo que terminé sacando “para la de Hong Sang-soo”. No me equivoqué.

El film arranca de manera casi autorreferencial: el director de cine Kim Joong-rae tiene un bloqueo mental y le pide a su amigo y productor Won Chang-wook que lo acompañe a una ciudad balnearia para aclarar sus ideas. El productor acepta, pero le avisa que también va a llevar a su novia Kim Moon-sook. Resultado: los tres llegan a la playa del título y no pasa mucho tiempo antes de que “el director Kim” se entere de que la novia de Chang-wook no es tal. Rápido como es, se la lleva a la cama y comienzan los problemas. Kim se asusta, se vuelve a Seúl, le pide un tiempo a la chica. Corte y segunda mitad de la película, en la cual hace su ingreso otro personaje femenino que no hará más que exponer el fenómeno de “machos sensibles” delineado por Hong Sang-soo, conocido en el circuito festivalero como el Eric Rohmer coreano. A no perderse la hilarante escena en la que Kim le explica a la chica, a puro diagrama sobre una servilleta, su teoría sobre las relaciones amorosas.

4. Oldboy (Park Chan-wook, 2003)

Me gusta pensar que la relativa popularidad de esta película en Argentina (llegó a las salas porteñas a fines de 2005) se debe, en parte, a que conectó con uno de los grandes temas de otro gran éxito de taquilla de la década pasada: Kill Bill. Un breve repaso por el argumento —basado en el manga de Garon Tsuchiya e ilustrado por Nobuaki Minegishi— nos lleva a terrenos familiares: Oh Dae-Su (extrema interpretación de Choi Min-sik) es un hombre común que un día es secuestrado y encerrado en un pequeño cuarto. Con un televisor como único contacto con el mundo exterior, no tarda en enterarse que su esposa fue asesinada y que su hija fue dada en adopción. Así pasan ¡15! años hasta que un buen día lo largan, y Dae-su sale uno, dos, ultraviolento y con la idea fija: venganza.

La premisa es mucho mejor que la resolución, pero Oldboy suma puntos por su intensidad y dramatismo. La mejor película de la trilogía de la venganza Park Chan-wook es un cine de dientes apretados y, como tal, una de las citas obligadas de su filmografía.

3. Hierro 3 (Kim Ki-duk, 2004)

Kim Ki-duk es más conocido en Palermo que en Seúl. La sentencia suena a provocación pero tiene mucho de verdad, a tal punto que en 2006 el director nacido en Bonghwa amenazó con no estrenar más películas en Corea tras ver cómo la audiencia local le daba la espalda a obras que triunfaban en festivales como Berlín y Venecia. Sea como fuere, este cineasta de orígenes humildes consiguió instalarse como referencia del cine de autor a partir de películas de lo más personales y originales. Los resultados fueron irregulares, pero Hierro 3 es la versión más perfeccionada de su obra.

Tae-suk, un joven repartidor de volantes, recorre la ciudad en moto y entra a casas deshabitadas. No es que se robe nada: en general se queda unos días, arregla objetos rotos, lava la ropa y después se va. Todo cambia cuando conoce a Sun-hwa, una mujer que vive a la sombra de su marido abusivo… Es importante que la “poesía de las imágenes” —característica maldita del cine de autor— esté acompañado por una buena historia. Afortunadamente, este es uno de esos casos.

2. The Host (Bong Joon-ho, 2006)

Un joven llamado Park Gang-du (Kang-ho Song, en una actuación que le valió el premio al mejor actor en los Asian Film Awards) regentea un local de comidas rápidas a orillas del río Han. De pronto, un monstruo emerge de las profundidades a plena luz del día y comienza a devorarse todo lo que encuentra a su paso. En una secuencia brillantemente editada, la bestia atrapa a Hyun-seo, la hija de Gang-Du, y se la lleva a los drenajes pluviales. Lo que sigue es una carrera contra el tiempo, la burocracia y el desinterés estatal, en la que quedará claro que este hombre y su familia harán lo que sea para rescatarla.

En The Host, Bong Joon-ho planteó una furibunda crítica social a la que no le falta humor negro, estudiantes lanzando bombas molotov y guiños a la creciente intervención militar norteamericana en Corea del Sur, todo escondido tras un disfraz genérico. ¿Un Godzilla contrahegemónico?

1. Memories of Murder (Bong Joon-ho, 2003)

El año es 1986. El lugar: una zona rural en Gyeonggi, al norte del país. Una joven es brutalmente violada y asesinada, un caso que desconcierta a los investigadores locales. Al poco tiempo, aparecen nuevos homicidios, todos con el mismo modus operandi, y el “cuerpo especial de investigación” liderado por el pueblerino Park Doo-man se ve completamente superado por los acontecimientos. Seo Tae-yoon, un detective enviado desde Seúl, será testigo directo de los métodos poco ortodoxos y reñidos con la ley de la policía local, que —entre otras cosas— falsifican pistas y arrancan confesiones a fuerzas de patadas de karate.Estrenada cuatro años antes que Zodíaco, la otra obra maestra sobre serial killers (nuestro David Fincher favorito), Memories of Murder es uno de esos raros casos de un policial inteligente pero no cerebral. Bong Joon-ho no se propone rehabilitar la figura del detective sino más bien diseccionarla: llevarnos a sus callejones sin salida, sus escapes fáciles, su brutalidad y, en última instancia, su lugar superfluo cada vez que ocurren eventos como estos.

Por Federico Poore

Magíster en Economía Urbana (UTDT) con especialización en Datos. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), escribe sobre temas urbanos en La Nación, Chequeado y elDiarioAR.

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