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El fin de la pandemia según Dustin Hoffman

A Dustin Hoffman no le gusta lo que ve en Outbreak.

por Federico Poore

Mediados de los noventa. El director de La historia sin fin estrena una película sobre la irrupción de un virus altamente contagioso en un pueblo de los Estados Unidos. Outbreak, conocida por estas pampas como Epidemia, tenía a Dustin Hoffman y Rene Russo y fue un éxito de taquilla.

En los últimos años se volvió un lugar común decir que una ficción audiovisual “predijo” un evento. Lo cierto es que la premisa del film de Wolfgang Petersen, aparente tributaria de los excesos hollywoodenses de aquella década, más que una predicción era una constatación. El guión se basaba en The Hot Zone, un libro del periodista y escritor Richard Preston sobre el caso real de un brote de ébola en una ciudad a media hora de Washington D.C. “El primer capítulo de The Hot Zone es una de las cosas más horrendas que leí en mi vida”, dijo Stephen King, que algo de esto sabe.

La película tematiza los dilemas morales que los dirigentes enfrentan en casos de emergencia sanitaria. Lejos de las sutilezas del control biopolítico, lo que funcionarios y militares debaten en reuniones a puertas cerradas es si reventar o no el pueblo de California donde ya había -digámoslo en términos actuales- circulación comunitaria del virus.

“Antes de evaporar de la faz de la Tierra a 2.600 norteamericanos quiero un ejército de expertos citando cientos o miles de experimentos de laboratorio diciéndole a cualquier idiota con una cámara que no había otra forma de proceder, ¿se entiende?”, dice en un momento el jefe de gabinete de la Casa Blanca, en modo realpolitik. “No quiero a ningún miembro de este Gobierno yendo después al Washington Post a decir que fueron ‘la única voz opositora’”.

Dustin Hoffman es la voz de la razón. Interpreta a Sam Daniels, médico militar y virólogo separado de su mujer (of course) que trata de advertir a los políticos mientras busca una cura a la epidemia. En una escena que vimos mil veces, se le planta al líder militar en un intento por proteger a la población civil.

La cosa está bien dura

La revista Wired se quejó de la trama poco plausible de Outbreak, comparándola desfavorablemente con otra película más reciente: Contagion. Mientras la de Petersen era el clásico blockbuster noventoso, con todos sus excesos asociados, la película de 2011 de Steven Soderbergh tiene un look and feel más documental. Con cámara en mano y un estilo seco, sigue a Beth (Gwyneth Paltrow), una mujer que llega a Chicago para ver a su amante tras volver de un viaje de negocios en Hong Kong. Beth está engripada, o al menos eso cree, pero sus síntomas se agravan rápidamente y muere a los pocos días.

Resulta que la mujer se contagió de un nuevo virus de origen animal que se expande a pasos agigantados. Laurence Fishburne hace de director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, pero como esto no es Matrix no nos pide tomar una píldora roja sino que sugiere “distanciamiento social” y lavado frecuente de manos. La OMS investiga. Un periodista y blogger agita teorías conspirativas y promociona una falsa cura para la enfermedad.

Jude Law es un blogger antivacunas pero al menos va protegido a la volanteada.

A la luz de lo que ocurrió a ocho años de su estreno, la película de Soderbergh prueba dos cosas.

  • Uno: que estaba muy bien documentada. “Me imaginé situaciones del tipo. ‘Bueno, cerramos las escuelas. Pero si cerramos las escuelas, ¿quién se queda en casa con los chicos? ¿Todos van a dejar a sus chicos en casa?”, contó hace más de una década el guionista Scott Z. Burns. “También pensamos en las cosas que se iban a publicar en Internet, donde la información circula con una suerte de pulso viral”.
  • Dos: que en tiempos de pensamiento cínico, es difícil que los productos audiovisuales funcionen como advertencia. En El sublime objeto de la ideología, su última gran obra, Slavoj Žižek decía que el capitalismo tardío obligaba a reformular nuestra teoría de la ideología. Dicho en criollo: si antes se creía que los sujetos no saben lo que hacen (y que, por ende, el trabajo de la crítica ideológica era desenmascarar “la verdad”), hoy el problema es que ellos saben muy bien lo que hacen, pero aun así lo hacen. Estamos completamente atravesados por el cinismo. Sospechamos que hay una máscara ideológica que recubre la realidad social pero aún así insistimos en la máscara.

¿Qué tiene que ver esto con un thriller protagonizado por Gwyneth Paltrow y Matt Damon? Que sus espectadores, tanto los contemporáneos como aquellos que la redescubrieron en las plataformas de streaming de 2020, saben muy bien que habitan en sociedades como las que describe la película y que la próxima pandemia estará atravesada por el lucro, las noticias falsas y la histeria social. Nos parece horrible pensar que vivimos en un mundo así y, sin embargo, cuando ocurre todos actuamos como temíamos que íbamos a actuar.

En Rusia también

En marzo de 2017, treinta y tres meses antes del primer caso registrado de Covid, el epidemiólogo Michael T. Osterholm publicó Deadliest Enemy: Our War Against Killer Germs, donde explicaba cómo lidiar con diferentes tipos de influenza y enfermedades infecciosas que, según el autor, iban a ser moneda corriente en el futuro.

Osterholm, amigo de Bill Gates y director hace tiempo del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas en la Universidad de Minnesota, dedicó uno de los capítulos del libro a alertar sobre los riesgos reales de las guerras bacteriológicas, un tema que la imaginación popular asocia con la Guerra Fría pero que tiene una larga historia.

Veamos si no la sinopsis de una película soviética de 1926: “Tres periodistas y una secretaria deben frenar un ataque con armas biológicas orquestado por empresarios occidentales”. La premisa es irresistible y la película está a la altura (por el amor de Jesús, vean esta secuencia de menos de un minuto). Miss Mend -el título con la que se la conoce internacionalmente- es una rareza del cine soviético, una película muda de espías con flashbacks y escenas de suspenso generadas con técnicas de montaje paralelo. 

Los villanos son hombres de negocios que buscan atacar Rusia usando un gas venenoso escondido en equipos de radiodifusión. La película ideal para revisitar en 2022, ahora que el fin de la pandemia coincide con el inicio de una guerra europea.

Donde verlas

  • Outbreak está disponible en HBO Max y para alquilar en Google Play.
  • Contagion está disponible en Amazon Prime, HBO Max y para alquilar en Google Play.
  • Miss Mend se puede bajar gratis de este blog.

Por Federico Poore

Magíster en Economía Urbana (UTDT) con especialización en Datos. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), escribe sobre temas urbanos en La Nación, Chequeado y elDiarioAR.

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