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Tan lejos, tan cerca

Las 10 mejores películas no alemanas situadas en Berlín

por Federico Poore

La Agenda, 07-09-2016

Si hay algo de lo que nadie puede acusar a los alemanes es de no haber sabido retratar Berlín en celuloide: de M a Corre, Lola, corre, la capital alemana fue escenario de algunas de las escenas más recordadas de la historia del cine. Sin embargo, como veremos, los directores no alemanes tampoco se quedaron atrás a la hora de aprovechar las potencialidades de este work in progress urbano.

El listado que sigue, que cubre casi siete décadas y va del blockbuster a la joya oculta, no hace más que confirmar que para la mayor parte de los Ausländer Berlín no es la ciudad del romance o la comedia sino de la guerra, el espionaje y el thriller político.

10. Octopussy (John Glen, 1983)

La decimotercera película oficial de James Bond lo tiene todo: Roger Moore en un traje de gorila, un pulpo venenoso, una mala imitación de Tarzán, una partida de backgammon en Nueva Delhi y hasta un risible cocodrilo mecánico. ¿Cuándo llega Berlín, se preguntarán? Pues en la segunda mitad del metraje, cuando a un general soviético se le da por plantar una bomba nuclear en un circo rodante con destino a Karl-Marx Stadt y el agente 007 se convierte en el único capaz de desactivarla… vestido de payaso, claro.

9. Cortina Rasgada (Alfred Hitchcock, 1966)

Alfred Hitchcock dijo que no le gustó la película y mucho menos la actuación de Paul Newman, pero hay más de un rasgo redimible a encontrar en este fallido thriller de los sesenta: un crudo asesinato en una granja, una escena cargada de tensión arriba de un colectivo (¡toma esto, Máxima Velocidad!) y un memorable papel de Lila Kedrova como una polaca que se muere de ganas por escapar a los Estados Unidos. Los amantes de Berlín, sin embargo, deberán conformarse con un puñado de tomas exteriores del bulevar Unter den Linden y la Fehrbelliner Platz.

8. Alemania, año cero (Roberto Rossellini, 1948)

La entrega más subdesarrollada y acaso menos efectiva de la trilogía de Roberto Rossellini sobre la guerra conserva, sin embargo, buena parte de su potencia dramática. Crónica de un niño solo en la Berlín de posguerra: una ciudad completamente reventada que no ofrece más que desesperación, hambre y pobreza. La vivimos a través de los ojos de Edmund, el protagonista de apenas doce años, marcado por todos los golpes que la Segunda Guerra Mundial le propinó a quienes tuvieron la suerte de sobrevivirla. Pionera en retratar la manera en la que la sociedad alemana procesó su pasado nazi, Germania, anno zero es una de las películas fundamentales sobre hacerse grande — o crecer de golpe.

7. La Supremacía de Bourne (Paul Greengrass, 2004)

Segundo episodio de la saga de Jason Bourne, el ex agente de la CIA con temitas de trastorno por estrés postraumático. Como en Octopussy, la acción arranca en la India pero rápidamente se traslada a la ciudad que nos ocupa. En la mejor escena de la película, Bourne — a punto de ser atrapado por la Polizei — revisa rápidamente los horarios de la S-Bahn y decide engañar a sus perseguidores subiéndose y bajándose de los trenes que circulan por la estación Friedrichstraße. (Si intentaba lo mismo en el subte de la línea H, la película terminaba en el minuto cuarenta: Bourne esposado mientras espera en el andén.) Algunas de las secuencias clave del film tienen lugar en el lujoso Westin Grand Hotel Berlin, lugar que también “adoptó” el director Sebastian Schipper para su celebrada Victoria.

6. The Man Between (Carol Reed, 1953)

Todos queremos a Carol Reed por The Third Man, ese clásico inoxidable con Orson Welles. Pero aquel film noir ambientado en la Viena de posguerra es apenas uno de sus tantos excelentes trabajos. En 1953, Reed dirigió The Man Between, que salvo por algunas escenas rodadas en los Estudios Shepperton está íntegramente filmada en la Berlín de posguerra. La trama parece sencilla: la joven británica Susanne Mallison (la encantadora Claire Bloom) viaja a Berlín a visitar a su hermano, un militar que se casó con una alemana llamada Bettina. Como se imaginarán, Bettina esconde algunos secretos. ¿Quién es ese “amigo” con el que se encuentra en el Este? ¿Qué hace ese chico en bicicleta merodeando en todas las escenas? Los fans de Berlín están de parabienes porque la acción se desarrolla de este a oeste, del Aeropuerto de Tempelhof al bulevar Kurfürstendamm, y hasta incluye una breve representación de la soprano Ljuba Welitsch en la Staatsoper. Joyita olvidada de la década del cincuenta, tiene menos de mil votos en la Internet Movie Database.

5. Cabaret (Bob Fosse, 1972)

La única de esta lista en lidiar con un momento anterior a la Segunda Guerra Mundial, Cabaret narra la historia de amor entre una cantante de cabaret y un estudiante inglés que tiene lugar en paralelo con el ascenso del nazismo al poder. El cruce con el momento histórico (incluyendo imágenes de la vida diaria en la República de Weimar y la escena en la que un joven nazi comienza a cantar “Tomorrow Belongs To Me”) le aporta un plus a una historia que de no ser por aquel trasfondo resultaría bastante convencional. Otro momento mágico: parados sobre la Bleibtreustraße, debajo de la estación Savignyplatz del S-Bahn, Sally (Liza Minelli) alienta a Brian (Michael York) a gritar lo más fuerte posible — escena clave de la película y una de las más recordadas del cine de los setenta.

4. Puente de Espías (Steven Spielberg, 2015)

Esta nueva última colaboración entre Steven Spielberg y Tom Hanks respira clasicismo por los cuatro costados. El género elegido (la película de espías de la Guerra Fría) tiene mucho que ver, es cierto, pero hay algo más que la vuelve un objeto de otra época: el maravilloso momento en el que se “activa” el código de caballeros entre James Donovan (Hanks) y el soviético Rudolf Abel (Mark Rylance), que se sostendrá hasta el intercambio final en el puente Glienicker que conecta el distrito de Wannsee, al suroeste de Berlín, con Potsdam. Otro de los logros de Spielberg —a partir de un guión revisado por los hermanos Coen— es transmitir la sensación de peligro que invadió a nuestro man on a mission una vez que logró cruzar a Berlín del Este, sin garantía de poder regresar. De paso, y a pesar del ambiente sombrío, aquellas escenas por los barrios derruidos del sector oriental prueban una de las máximas de la vida en cualquier ciudad: que todo es más bonito con nieve.

3. Possession (Andrzej Żuławski, 1981)

Película de culto si las hay, Possession puede generar cualquier tipo de efecto en el espectador menos indiferencia. Mark (Sam Neil) vuelve de un extraño viaje de negocios y se encuentra con que su mujer Anna (Isabelle Adjani) ya no lo ama más. Ah, y que también se está yendo a vivir con otro tipo. Celoso y angustiado, contrata a un investigador privado para que la siga hasta su nuevo hogar en Kreuzberg, que hoy podrá parecer un distrito cool y “multikulti”, pero que hace treinta años era esto: un enorme barrio derruido y venido a menos. (El uso extensivo del gran angular también genera un efecto distorsivo muy interesante que afecta la manera en la que miramos esa parte de la ciudad y el muro de Berlín.) Lo que sucede a continuación es de una intensidad y desmesura imposibles de narrar. Pero en pleno auge de malas copias de El Exorcista, esta película nos recuerda que el único tipo de “posesión” que realmente asusta: el de las fuerzas incontrolables, irracionales y contradictorias de las pasiones humanas.

2. The Spy Who Came In from the Cold (Martin Ritt, 1965)

Otra de espías en Berlín pero sin el optimismo inveterado de Spielberg. Basada en una de las dos o tres mejores novelas de John Le Carré, cuenta la historia de Alec Leamas (Richard Burton), un agente del MI6 que regresa al Reino Unido después de una fallida misión en Berlín. ¿Su nuevo trabajo? Pretender que lo echaron de Control mientras espera ser “reclutado” en Alemania Oriental. En el medio conoce a una joven comunista que trabaja en una librería (¡otra vez Claire Bloom!), se emborracha, se deprime, en fin, un espía inglés bien distinto a James Bond. La película por excelencia (junto con Office Space, arriesgamos) sobre gente desencantada con su trabajo.

1. One, Two, Three (Billy Wilder, 1961)

Las indicaciones del guión no podían ser más claras: “Esta pieza ha de interpretarse molto furioso, con un tempo de disparo rápido, vertiginoso. Velocidad sugerida: ciento sesenta kilómetros por hora en las curvas, doscientos veinte kilómetros en las rectas.” Y vaya si se cumplen. Un ejecutivo de Coca-Cola en Berlín intenta expandir su mercado más allá de la Cortina de Hierro (“Napoleón fracasó, Hitler fracasó, pero Coca-Cola lo conseguirá”, predice) mientras se ve obligado a hacer de anfitrión de la hija de su jefe, una chica de 17 años pasada de hormonas. Las cosas se complican cuando la jovencita en cuestión cruza a Berlín oriental y se casa en secreto con un comunista. Comedia política, cínica de cabo a rabo, con seis chistes por minuto y musicalizada con la Danza del sable. La felicidad es esto.

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Por Federico Poore

Magíster en Economía Urbana (UTDT) con especialización en Datos. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), escribe sobre temas urbanos en La Nación, Chequeado y elDiarioAR.

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