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El mundo nunca es suficiente

Cautivo en pandemia, James Bond volvió a los cines con Sin tiempo para morir. El estreno habilita un repaso por sus películas, ordenadas de peor a mejor.

por Federico Poore

La Agenda, 30-09-2021

Luego de varias cancelaciones por la pandemia, esta semana finalmente se estrena Sin tiempo para morir, la vigésimo quinta entrega de la saga de James Bond, la franquicia más longeva de la historia del cine. Inspiradas en las novelas de Ian Fleming, esta serie de films -con sus personajes recurrentes, los autos que maneja el protagonista y las “chicas Bond”- ha acompañado a generaciones de cinéfilos, siempre dispuestos a discutir las virtudes y defectos de cada nueva obra. Sumando una voz más al debate, he aquí un listado más o menos antojadizo de todas las películas del agente 007.

24. Otro día para morir (Lee Tamahori, 2002)
La fría canción de Madonna que acompaña la secuencia de títulos dice mucho sobre el tono inexpresivo de la cuarta y última aparición de Pierce Brosnan como James Bond. El film arranca en una nota oscura, con el protagonista siendo torturado en Corea del Norte, pero el resto del metraje nos lleva a los peores excesos de la franquicia: Bond surfeando un glaciar, Bond manejando un auto invisible (según Brosnan, una de las cosas más ridículas del guión) y un rol con poco brillo de Halle Berry como la agente norteamericana Jinx Johnson.

23. Moonraker: Misión espacial (Lewis Gilbert, 1979)
Estrenada en pleno furor por Star Wars, Moonraker tiene muchísimo más presupuesto que las entregas anteriores y un intento poco velado por llevar al agente 007 al espacio. La inyección de efectivo permite despliegues de producción en algunas locaciones atractivas, de Venecia a Río, pero el carácter camp de los films protagonizados por Roger Moore tiene aquí un cariz indistinguible de la parodia; el colmo llega cuando el protagonista usa un poncho como Clint Eastwood en sus spaghetti westerns. Eso sí: la escena de apertura, con Bond peleando a mano desnuda contra el mercenario Jaws en caída libre desde un avión sin paracaídas, es una de las secuencias más electrizantes y mejor editadas de toda la saga.

22. El hombre del revólver de oro (Guy Hamilton, 1974)
Otra entrega que busca vampirizar un éxito del momento, en este caso, los films de artes marciales que se habían puesto de moda luego de 5 dedos de muerte y Operación Dragón. Roger Moore escapando de un aprieto a patadas de kung fu es uno de los tantos momentos risibles de esta historia, en la que Bond no tiene tanto que salvar al mundo sino protegerse de un tipo que quiere matarlo. El villano en cuestión, un tal Scaramanga (Christopher Lee), es fanático de los laberintos de espejos y de los duelos con la golden gun del título, pero además cuenta con un diminuto y malvado asistente (Hervé Villechaize) que enfrenta a Bond a botellazos. Qué decir.

21. Una vista para matar (John Glen, 1985)
Un industrialista loco (Christophen Walken, desperdiciadísimo) quiere causar un terremoto en la falla de San Andrés que termine sumergiendo a Silicon Valley. Si el plan suena demasiado elaborado, mejor ni mencionar la parte de los esteroides en caballos de carrera. A View to a Kill tiene pocos rasgos redimibles, más allá de algunas tomas aéreas de San Francisco y de la canción del mismo nombre de Duran Duran. También conocida por estas pampas como En la mira de los asesinos, muchos la recuerdan por May Day, interpretada por la diosa de ébano Grace Jones.

20. Los diamantes son eternos (Guy Hamilton, 1971)
En el regreso de Sean Connery al papel principal, Bond se hace pasar por un traficante de diamantes para infiltrarse en una red criminal que lo lleva de Ámsterdam a Los Ángeles. Con sólidas escenas de riesgo y una gran secuencia de persecución en la noche de Las Vegas, es difícil catalogar esta entrada como aburrida. Pero la sucesión de chistes tontos, las guardaespaldas asesinas de poca monta que atacan al protagonista y unos matones gay con trampas poco elaboradas no ayudan a sostener el canon de las primeras seis películas. Hay una línea muy fina que separa la autoconciencia de la ridiculez y Diamonds Are Forever tiene el dudoso honor de inaugurar esta tendencia en la saga, anticipando el tono de la era Roger Moore.

19. Octopussy (John Glen, 1983)
¿Hay algo peor que una película de espías con dos horas diez de gags visuales fuera de lugar? Sí: disfrazar a James Bond de gorila y de payaso y hacerlo viajar por la India y Alemania tras la pista de un risible plan criminal. El principal problema de Octopussy es que no termina por ser ni una comedia ni un film de acción (más allá de una excelente escena de riesgo a gran altura en la que el agente 007 intenta evitar la huída del enemigo). Suma a la confusión que “All Time High”, balada ensoñadora de Rita Coolidge, no tiene sentido ni por asomo en el mundo Bond.

18. Quantum of Solace (Marc Forster, 2008)
Los mejores films de la saga saben ecualizar las diferentes características que vuelven atrapante al personaje principal, algo en lo que Quantum of Solace fracasa rotundamente. En la segunda aparición de Daniel Craig como 007 no hay erotismo ni lujo, y el humor faltó a la cita. A casi todos los personajes les falta un golpe de horno (Olga Kurylenko, en el podio de las chicas Bond más inexpresivas, se toma varios minutos para narrar cómo un militar golpista asesinó a su padre, y no nos podría importar menos) y el director Marc Forster simplemente no sabe filmar secuencias de acción. Bien podría haber sido una de las películas de Bourne (de las peores, para colmo).

17. El mañana nunca muere (Roger Spottiswoode, 1997)
A tono con el clima de época, la segunda entrega con Pierce Brosnan como 007 tiene de villano a Elliot Carver (Jonathan Pryce), una suerte de Rupert Murdoch que busca dominar el negocio de las noticias televisadas las 24 horas. “Llamen al presidente. Díganle que si no firma el proyecto de ley que reduce las tarifas del cable, difundiremos su video con la porrista en el motel de Chicago”, lanza el magnate, con la sutileza de un martillazo. En su búsqueda por ser un Bond hi-tech, todo lo que aquí se presenta como tecnología de punta (como los celulares Ericsson y otros ejemplos de product placement) al poco tiempo ya olía a viejo. Aparte de patadas a diestra y siniestra a cargo de Michelle Yeoh y una buena canción original de Sheryl Crow, Tomorrow Never Dies hoy asoma como una mera película de acción noventosa del montón, en la que la mejor escena no tiene actores: la protagoniza un BMW manejado a control remoto.

16. El mundo no basta (Michael Apted, 1999)
Una leve mejoría con respecto a las peores exponentes de la saga, pero no por mucho. Pierce Brosnan se enfrenta aquí a un terrorista ruso medio psicópata (Robert Carlyle) y a la heredera petrolera Elektra King (Sophie Marceau, una buena villana interpretada por una buena actriz). En el segmento menos logrado, Bond se hace pasar por un científico ruso y conoce a Christmas Jones, una física nuclear interpretada por… Denise Richards. Eso sí: la escena en la que Desmond Llewelyn se despide de su personaje Q luego de 36 años es genuinamente emocionante.

15. Licencia para matar (John Glen, 1989)
Otra entrega que no parece una de James Bond. ¿Un narcotraficante latinoamericano y una boda en Key West? ¿Qué es esto, un episodio de Miami Vice? Claro: con el fin de la Guerra Fría se acaban los intentos por “dominar el mundo” y los objetivos del villano son tal vez más pedestres. Hay muchísima violencia en pantalla, parcialmente a cargo de Benicio del Toro, que con apenas 21 años hace de matón en su segundo papel cinematográfico. Para The Hollywood Reporter, este Bond frío y calculador terminaría abriendo el camino para Casino Royale; pero como el Michael J. Fox de Volver al futuro, Timothy Dalton estaba tocando para una audiencia que aún no estaba lista para él.

14. Vivir y dejar morir (Guy Hamilton, 1973)
La primera misión de Roger Moore como agente 007 no es prevenir un ataque con misiles ni un holocausto nuclear, sino detener a un traficante de heroína que opera en el Harlem. Esta tarea mundana va de la mano con un presupuesto menor al de las entregas inmediatamente anteriores y guiños a la moda de la blaxploitation de la década del setenta. Bond intenta detener al malvado Dr. Kananga, se enamora de una tarotista llamada Solitaire (Jane Seymour) y hasta se cruza con un policía sureño (Clifton James) completamente caricaturizado y menos gracioso que perder la de débito. El público recuerda pocas cosas de Live and Let Die. Una de ellas es el temón de Paul y Linda McCartney.

13. Spectre (Sam Mendes, 2015)
No falta elegancia en Spectre, pero es una elegancia aburrida, cansada, como el spa austríaco en el que Bond conoce al personaje interpretado por Léa Seydoux. Como villano, Christoph Waltz no es ni el 30% de lo peligroso que era en Bastardos sin gloria, y los guiños nostálgicos parecen una mezcla entre fan service y presentación prolija de los elementos del canon a las nuevas audiencias. Aún estaba fresca la memoria de su antecesora, que es ciertamente superior.

12. Sólo para sus ojos (John Glen, 1981)
En un regreso al realismo tras la fallida aventura espacial de Moonraker, Bond compite con los soviéticos por un decodificador y se une a una joven heredera (Carole Bouquet) que busca vengar el asesinato de sus padres. Las secuencias de acción y las escenas de riesgo son casi todas de primer nivel. Las persecuciones motorizadas en un centro de ski remiten a los años de gloria de la saga (si bien en cierto momento Bond escapa de unos matones manejando un Citroen 2CV, un símbolo del aggiornamiento presupuestario). La banda sonora, repleta de sintetizadores, no envejeció bien, como tampoco el personaje de Bibi (Lynn-Holly Johnson), una patinadora menor de edad que intenta seducir al protagonista.

11. La espía que me amó (Lewis Gilbert, 1977)
La escena de apertura te corta el aliento. La power ballad “Nobody Does It Better” de Carly Simon no necesita presentación. Anya Amasova (Barbara Bach) es una de las chicas Bond más decididas, y el matón Jaws -un asesino de dos metros de altura y dientes de metal- es un digno rival del agente 007. En contra, un villano genérico (Curt Jürgens) y una interminable batalla final dentro de un submarino secuestrado.

10. Su nombre es peligro (John Glen, 1987)
El debut de Timothy Dalton fue una suerte de regreso a los orígenes. El actor construyó el personaje basado en las novelas de Ian Fleming y no en las interpretaciones anteriores del agente más famoso, lo que dio como resultado un Bond más conflictuado y con menos sentido del humor. The Living Daylights es una verdadera película de intriga internacional, con sólidas escenas de acción (la secuencia en unos acantilados en Gibraltar es de las mejores de la saga) y un sentido del espionaje que la franquicia parecía haber abandonado.

9. Sólo se vive dos veces (Lewis Gilbert, 1967)
Rodada en Panavision, es de las películas más coloridas de James Bond. Tiene una bonita canción de Nancy Sinatra y un guión extravagante de Roald Dahl. La acción transcurre mayormente en Japón, donde Bond acude de incógnito tras hacerse una operación para parecer oriental. Tras haber escuchado su voz en dos de las entregas anteriores, finalmente conocemos a Ernst Stavro Blofeld, interpretado por Donald Pleasence. No es tan malvado como parece y pierde mucho tiempo en explicarle a Bond cómo piensa matarlo. Pero nunca va a ser mala una película que cierre con una pelea en una guarida secreta en un volcán con su propio sistema ferroviario.

8. Operación Trueno (Terence Young, 1965)
Una de las entregas más entretenidas. Muestra a un Sean Connery en plena forma -mayormente en short o en traje de buzo- yendo a las Bahamas a detener al famoso Número Dos (Adolfo Celi) y enamorándose de la femme fatale Fiona (Luciana Paluzzi). Eso sí: las secuencias de acción submarinas son interminables.

7. GoldenEye (Martin Campbell, 1995)
La primera película con Pierce Brosnan como 007 es también el debut de Judi Dench como M, quien califica a Bond de “dinosaurio misógino” en una especie de comentario metadiscursivo sobre la propia relevancia de la franquicia, a seis años de la caída del Muro de Berlín. Los rusos, por las dudas, siguen siendo los malos de la película. La persecución con Bond manejando un tanque soviético por las calles de San Petersburgo está entre los grandes momentos cinematográficos de ese año. Acaso algo predecible, GoldenEye es, sin embargo, un sólido exponente del cine de superacción.

6. Operación Skyfall (Sam Mendes, 2012)
La gélida canción de Adele que suena durante los créditos de apertura adelanta el tono introspectivo de la obra. Visualmente impactante, tiene los guiños nostálgicos de rigor para una saga que acaba de cumplir cincuenta años pero incorporados a un thriller modelo siglo XXI. El villano Silva (Javier Bardem) no es tan amenazante como uno podría pensar, pero eso no importa, porque el corazón de la película lo componen Bond (Daniel Craig) y M (Judi Dench), y el peligro real viene dado por los traumas infantiles del protagonista.

5. Al servicio secreto de su majestad (Peter R. Hunt, 1969)
Hay un solo problema en esta película: George Lazenby, que es de madera. Todo lo demás es genial. Hay algo atrapante en el score de John Barry, en las locaciones (¡el restaurant giratorio Piz Gloria!), la enorme cantidad de nieve y las persecuciones en tres o cuatro medios de transporte diferentes. Destrozada por la crítica en el momento de su lanzamiento, hoy Steven Soderbergh y Christopher Nolan lo consideran el mejor film de la serie, con un tono trágico, Moneypenny (Lois Maxwell) llorando en el casamiento de su agente favorito y la mejor chica Bond de todos los tiempos: Tracy di Vincenzo (Diana Rigg; para los más jóvenes, Olenna Tyrell de Game of Thrones).

4. El satánico Dr. No (Terence Young, 1962)
Sean Connery pronuncia por primera vez “Bond… James Bond” en una escena clave en el Ambassadeurs Club de Londres. Ursula Andress emerge del mar en un bikini blanco. Joseph Wiseman hace su entrada como Dr. No, flanqueado por dos de sus hombres en las sombras. Casi todo lo que ocurre en el debut cinematográfico del agente 007 tiene esa cualidad icónica de la que están hechos los clásicos.

3. Casino Royale (Martin Campbell, 2006)
El director de GoldenEye se puso al hombro la difícil tarea de reinventar al personaje y salió airoso. Daniel Craig es un bond duro pero vulnerable, capaz de enamorarse pero con serios problemas de autocontrol. El resto del elenco es un lujo. Felix Leiter (Jeffrey Wright) y la misteriosa Vesper Lynd (Eva Green, espléndida) acompañan al protagonista en una partida de Texas hold ‘em; enfrente está Mads Mikkelsen como Le Chiffre, un villano memorable. En el último tramo la película pierde potencia, pero sigue siendo una de las mejores de la saga.

2. De Rusia con amor (Terence Young, 1963)
Acá comienza a tomar forma el modelo Bond que serviría de base para tantas otras historias. De Londres a Estambul, de Belgrado a Venecia, una fórmula que concentra intriga, romance y acción y a la que no le falta nada: traiciones cruzadas, un campamento gitano, trompadas a bordo del Orient Express, helicópteros, lanchas, explosiones. La cosa sana.

1. James Bond contra Goldfinger (Guy Hamilton, 1964)
La más disfrutable de todas, desde la canción sexy y sucia interpretada por Shirley Bassey hasta el cierre a bordo de un avión fuera de control. El film presenta a dos chicas Bond: Jill Masterson (Shirley Eaton), asesinada tras ser cubierta con pintura dorada en una recordada escena, y una experta en judo de nombre Pussy Galore (Honor Blackman), que tiene sus propios planes más allá del romance con el espía. También hay un matón coreano (Harold Sakata) capaz de ganarle a James Bond en el mano a mano y el propio Goldfinger (Gert Fröbe), villano arquetípico, armado de inteligencia y decisión. Es imposible no enamorarse de una película con líneas de diálogos como las que presenta esta aventura en Technicolor. En un momento, el héroe está tumbado sobre una mesa y un rayo láser se dirige a su entrepierna. “¿Espera que hable?”, pregunta, ya algo nervioso. Goldfinger se ríe y contesta: “¡No, Sr. Bond, espero que muera!”.

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Por Federico Poore

Magíster en Economía Urbana (UTDT) con especialización en Datos. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), escribe sobre temas urbanos en La Nación, Chequeado y elDiarioAR.

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