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Entrevista a Mario Barletta

El jefe comunal de Santa Fe, Mario Barletta, analiza la crisis del radicalismo y las altas chances que tiene de conducir el partido a partir de diciembre.

por Federico Poore
Debate, 26-11-2011

Es una de las figuras ascendentes de una UCR en crisis, y no es para menos: todo parece indicar que el próximo 16 de diciembre sucederá a Ernesto Sanz como jefe del radicalismo. Intendente saliente de la ciudad de Santa Fe, es considerado por sus correligionarios como el hombre capaz de contener a los distintos sectores que buscan detener la sangría en el partido.
En diálogo con Debate, Mario Barletta lamenta los cruces entre dirigentes durante la convención nacional y traza un diagnóstico de la situación actual de una UCR “que empezó a perder su razón de ser”. “De algún modo, todos fuimos responsables”, asegura.

¿Se considera el “candidato de unidad” de la UCR?
Me halaga que distintos sectores hayan manifestado una posibilidad en este sentido, pero creo que más allá de los nombres es importante que se logren consensos sobre lo que el partido quiere ser. Es fundamental hacer un análisis de lo que pasó, más allá del resultado electoral.

¿En qué sentido?
Para hacer un balance del radicalismo tenemos que remontarnos a 1986 o 1987, los últimos años del período de Raúl Alfonsín, y ver si el partido estuvo a la altura de las circunstancias en los noventa, luego con la alianza electoral que surgió por entonces y finalmente los últimos diez años.

¿Y cuál es su diagnóstico?
El radicalismo empezó a perder su razón de ser. No es más lo que debería ser: una institución de cara a la sociedad, con fuertes niveles de participación. No digo que no haya diferencias en nuestro interior, es lógico que las haya, pero tiene que haber un límite: los partidos no pueden ser solamente el espacio para definir candidaturas. No puede ser que nos ocupemos de pensar qué esperamos de la educación, de la salud, la seguridad -es decir, que estemos obligados a escribir una plataforma- a días de las elecciones. El radicalismo de principios del siglo pasado surgió en un país con altas posibilidades pero donde no estaban resguardadas las libertades individuales. No pido repetir la experiencia, pero sí recuperar los movimientos de género, los ambientalistas, la posibilidad de representar estos derechos sociales. Y esa tarea necesita un partido moderno, profesionalizado, abierto a toda la ciudadanía.

¿Cuál es la principal autocrítica que debe hacer el radicalismo tras los resultados de las elecciones?
Quizás haya faltado fortalecer posicionamientos firmes, defendibles, que interpretaran lo que el país necesitaba en cada uno de los temas. Ahora, todos los que pertenecemos hemos sido responsables de algún modo, si bien algunos se hicieron cargo abiertamente.

¿Qué balance hace del encuentro de la convención nacional en Vicente López?
No creo que las críticas más intestinas tengan que darse a través de los medios. La ciudadanía no quiere que le digan qué porcentaje de votos sacó tal o cual (ndr: durante el encuentro, Gerardo Morales señaló que tomó el partido cuando nadie quería luego de la elección en la que Leopoldo Moreau obtuvo apenas el dos por ciento de los votos). Está bien que nos digamos todo lo que nos tenemos que decir. El tema es que no esté la falta de respeto, las imputaciones. No son ésas las formas de dirimir nuestras diferencias.

¿En qué consiste para usted la tan declamada “renovación” del radicalismo?
Un partido fortalecido que represente a la sociedad, que ejerza una oposición responsable y que encuentre consenso a la hora de tratar temas centrales. Cuando se discutió la ley de medios o el destino de los fondos de la Anses, no hubo posibilidad de generar estos consensos. Ahora bien, en términos de “renovación” el radicalismo no puede pedirle a nadie un paso al costado. No entiendo al partido de acuerdo con esta idea.

¿Qué rol debe jugar la Liga de Intendentes que integra junto a Víctor Fayad y Ramón Mestre, entre otros?
Se constituyó como un espacio al margen, no debidamente integrado por el partido. Debemos buscar mecanismos por los cuales los intendentes sean parte del debate permanente sobre leyes y otros temas importantes. Hoy representan un espacio muy próximo. No pueden estar ausentes.

¿Cuáles son los temas pendientes que el radicalismo deberá instalar de acuerdo al perfil del partido?
Soy un obsesionado con el tema de la educación. Hoy tenemos una mayor tasa de escolarización, pero los chicos no necesariamente aprenden ni están formados. El debate pendiente es por la calidad educativa, donde la Argentina está cada vez peor. Me pregunto si la decisión de Carlos Menem de provincializar la educación fue una de las causas. Hoy el Estado nacional no hace muchas cosas aparte de repartir netbooks, porque no tiene jurisdicción.

¿Cómo llegó a este lugar dentro de la estructura partidaria del radicalismo?
No tengo una respuesta clara. Desde el año 84 estuve dedicado a las políticas de la educación. Fui decano, rector… En 2007, no sé cómo me convencieron para ser candidato a intendente (risas). Siempre acostumbrado a la gestión. Así de corta es mi vida. He tenido, sí, afinidad con el grupo Morena, afinidad con el grupo de Ernesto Sanz, también, en su momento, con Julio Cobos. Todos, por algún motivo, han venido a la ciudad de Santa Fe y hemos discutido mucho sobre el futuro del partido.

En caso de que se convierta en el próximo presidente de la UCR, ¿cómo piensa contener a los distintos sectores dentro del radicalismo?
Hay que definir las estrategias legislativas y generar espacios de participación. En el comité tienen que estar representados todos los sectores, llamar a los jóvenes, dar más participación a los gobiernos locales… La situación es difícil, es cierto, pero a veces uno puede transformar una crisis en una oportunidad.

¿Por qué el radicalismo logró consolidar una alianza exitosa con el socialismo en Santa Fe, pero no una a nivel nacional?
Acá lo logramos porque primero discutimos programas, coincidencias, y recién después las candidaturas. En 2007 nos pusimos de acuerdo y no hubo internas; en 2011 llegamos con proyectos, hubo más de un candidato, fuimos a internas y volvimos a ganar. ¿Por qué no se dio a nivel nacional? Hablé con todos y cada uno de los actores, pensé que se podían unir en un frente… Algunos dan unas razones, otros dan otras, pero me consta que el radicalismo lo intentó. Uno de los problemas es que se empezó a hablar de candidaturas con mucha anticipación, sin un acuerdo programático. Ahora, muchas de las cosas que digo no son sólo aplicables al radicalismo: en un momento de éxito se esconden, pero los partidos políticos han dejado de ser instituciones que representen el momento por el cual surgieron. Se han transformado en una maquinita electoral.

¿Qué debe hacer el partido ahora?
Trabajar en un fortalecimiento propio durante un tiempo. La idea es fortalecer primero al radicalismo y luego discutir las posibles alianzas.

Sin embargo, hay sectores dentro del radicalismo que ven con buenos ojos una alianza con Mauricio Macri, mientras otros ya salieron a marcarlo como un límite.
Los límites pueden ser muchos, pero no comparto la idea de comenzar por ese lugar, más allá de que tenga clarísimo cuáles son mis límites en base a mis principios e ideologías.

¿Qué perfil deberá tener en el futuro la UCR? ¿Qué banderas no deben negociarse?
Las banderas del progresismo, la cercanía y la ética en la gestión pública. Tenemos dirigentes con altísimos niveles de honestidad y no hay partido que tenga estos antecedentes de respeto a las instituciones, ajeno a las hegemonías y los personalismos.

Por Federico Poore

Magíster en Economía Urbana (UTDT) con especialización en Datos. Fue editor de Política de la revista Debate y editor de Política y Economía del Buenos Aires Herald. Licenciado en Ciencias de la Comunicación (UBA), escribe sobre temas urbanos en La Nación, Chequeado y elDiarioAR.

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